Los adultos estamos sumidos en un ritmo acelerado, el que a veces nada tiene que ver con el de los niños. Puede que éstos sean inquietos y estén en permanente movimiento, pero si hay algo que necesitan es la existencia de un espacio en su familia para conversar, contar sus vivencias, pues aún a su corta edad tienen mucho que decir y aportar.
Por Paula Cruz, rectora colegio Juanita de Los Andes y Padre Hurtado