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Entrevista: Isabel Allende

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En medio de una intensa agenda marcada por las celebraciones del Bicentenario y la obtención del Premio Nacional de Literatura, conversamos con la autora de, entre otros libros, “Paula” y “La casa de los espíritus” sobre sus más íntimas convicciones. “Creo que en Chile no habría sido escritora”, asegura.

Por Nicolás Sánchez / Fotos: Vivi Peláez

Nos recibe cálida y amistosa en la residencia de sus padres, ubicada en plena comuna de Providencia. Está de visita en el país –la quinta en lo que va del año- y de “descanso”, aunque no se nota. Es que aún en celebraciones, la  agenda de Isabel Allende Llona, autora de clásicos traducidos a 27 idiomas como “La casa de los espíritus” y “La isla bajo el mar” está “copada” de proyectos, como la preparación de su nueva novela -aún sin nombre-, la adaptación cinematográfica para “Inés del Alma mía” y La ciudad de las bestias”, y su inminente regreso a Estados Unidos para una nuevo premio, ahora entregado por La Biblioteca del Congreso en Washington, distinción que por segunda vez se otorga a un escritor.

“La novela aún no tiene nombre pero está terminada y una copia está en España, la otra en mi escritorio. Creo que se va a publicar el próximo año. La estoy sujetando, porque le quiero dar espacio a ‘Isla bajo el mar’. Y además, porque me quiero tomar un año sabático el próximo año“, asegura, con alegría súbita y una mirada intensa.

En tu libro su libro "Inés del alma mía", la protagonista, Inés de Suarez, dice la frase "si me hubiese quedado en mi pueblo natal sería Inés la costurera, mientras que aquí soy Inés Suárez, conquistadora y fundadora del Reino de Chile". La has parafraseado, diciendo "Si me hubiera quedado en Chile sería Isabel, la costurera"… ¿sigues sintiéndolo así?
-Jajaja, sí, un poco. Hay varios factores. Cuando tú sales de tu país pierdes todas las muletas que te sostienen. Hay muletas sociales, que son donde uno pertenece, donde uno nació: la familia. Hay un componente social que te sostiene en un cierto lugar; luego, los chilenos le tenemos terror al ridículo, entonces, que nos pelen nos da pavor. Creo que cuando uno sale, sabes que puedes caer muerta en la calle y a nadie le importa, porque nadie te conoce. Eso te da una sensación de gran libertad, puedes experimentar, puedes hacer cosas que no te atreverías en tu país. Yo no creo que hubiera sido escritora en Chile, habría sido periodista, y re mala. Re-mala, porque era pésima (ríe).


 “¿Matrimonio homosexual y con hijos? Por supuesto”

¿Qué opinas del trato que el islamismo otorga a las mujeres? Te pongo un ejemplo, el caso de Sakineh Mohammadi Ashtiani, mujer iraní acusada de adulterio y complot para el asesinato de su esposo, que ya fue azotada, y que arriesga una condena a morir lapidada…
Eso no solamente ocurre en los países con regímenes islamistas, la violencia contra la mujer está en todos lados. Y cuando hay un régimen religioso, cualquiera que sea, es peor, mucho peor, la primera víctima es la mujer. Entonces, si hay un régimen de fanatismo religioso donde sea, va a haber abuso contra la mujer. No se puede decir, categóricamente, que el Islam sea responsable de esto. Esto es un régimen exagerado, fanático, del Islam, extremista. A la religión islámica misma no se puede culpar por esto, porque hay muchos islamistas -como hay muchos cristianos- que no son extremistas.

¿Y cuál es tu interpretación o teoría para explicar este fenómeno que, según lo que dices, es transcultural?
Creo que vivimos en un ciclo de una civilización patriarcal: esto es un patriarcado. Esto va cambiando, y a mí generación le está tocando ver parte de ese cambio. Pero falta mucho, falta muchísimo para que eso se resuelva. Yo tengo una fundación que trabaja con mujeres en los campos de la educación, de la protección y de la salud. Y trabajamos con los más pobres de los más pobres, y no te puedes imaginar las cosas que vemos. Todavía falta muchísimo por hacer, existe un abuso contra la mujer que va desde que nace, es decir, desde antes que nazca existe lo que se llama el feticidio, que es el aborto de las niñas. Con la incorporación masiva de la mujer, en todos los ámbitos, eso está empezando a cambiar, pero faltan muchas generaciones aún para que cambie totalmente.

¿Has sentido esa discriminación en el mundo literario?
Mira, te voy a dar un solo ejemplo de la literatura: se valoriza mucho más lo que escribe un hombre que lo que escribe una mujer. Hay más críticos que lo leen, más profesores que lo enseñan, más revistas que lo exponen. Métete en el New York Times Book Review: parece que no existieran las escritoras. Entonces, también hay libros que si los hubiera escrito una mujer, serían criticados malamente, se considerarían “sentimentales”. Por ejemplo, un libro de García Márquez, “Amor en tiempos del cólera”. Haz cuenta que ese libro lo hubiera escrito la Marcela Serrano ¿cómo crees tú que lo habrían recibido? Eso es un ejemplo estúpido si tu quieres, o un ejemplo mínimo.

Has dicho que, en estos momentos, "el destino de las mujeres es cambiar al mundo” ¿A qué te refieres específicamente?
Me refiero específicamente a transformar el patriarcado en una sociedad equilibrada y justa, en la cual los valores femeninos y masculinos sean igualmente valorados ¿Por qué resulta que los valores masculinos de la agresión, de la fortaleza, del coraje, todas esas cosas maravillosas que tienen los hombres, tienen mucho más valor en la sociedad que todos los valores representados por lo femenino? Para poder tener un mundo equilibrado, sostenible, se necesitan las dos cosas. Yo no promuevo reemplazar el patriarcado por  el matriarcado, porque tampoco va a funcionar. Tampoco se trata de castrar a los hombres, sino, equilibrar a la sociedad (…) Mira, las mujeres tienen que hacer el doble de esfuerzo que un hombre para obtener la mitad de respeto y reconocimiento. Ahora, por suerte no es tan difícil hacer el doble de un hombre (ríe).

Por favor, algo habrá a favor del gremio masculino (risas)… Has dicho "un hombre hace lo que puede. Una mujer hace lo que el hombre no puede " ¿Cuáles son estas cosas que la mujer sí puede hacer?
(Ríe con ganas) Pucha, hay tanto trabajo que es increíble… esas súper mujeres que están manteniendo una familia económicamente, llegan a la casa corriendo, hacer de comer, corren con los niños, son las que van a las reuniones de padres, son las que están a cargo del dentista, hacen todo. Todo. No sé como lo hacen. Yo tuve ayuda, ahora lo hacen sin ayuda… tuve una abuela adoptada, mi suegra me ayudó.

Hoy existen muchas mujeres que deben lidiar con muchos frentes: su vida matrimonial, profesional, ser madres ¿les darías algún consejo?
Yo les diría, primero, que no estén solas, que todo es mas fácil cuando se comparte, y que pidan ayuda. Las amistades, las amigas, son fundamentales. La mamá, la suegra, adopten gente que las ayude. Y, creo que es muy importante darle la oportunidad al compañero de participar. Hay una tendencia muy chilena, de la mujer chilena, de asumirlo todo, de empujar al hombre al lado. Y no les dan la chance, no les dan la oportunidad de participar. Todo se puede aprender. Si nosotras como mujeres aprendimos a meternos en todas las profesiones, aprendimos a hacer cosas que antes se suponía que las mujeres no podían hacer, también los hombres pueden aprender, y lo están haciendo. Hay una generación de hombres jóvenes que están felices de participar y quieren hacerlo, y las mujeres no les dan la chance.

¿Eso fue una “autocrítica gremial”?
(Ríe) Ahí hay una cosa. Yo lo reconozco en mí: yo no le di oportunidad a mi marido de participar en nada, lo corrí pa’ un lado, y yo era mamá, papá, era todo. Yo tomaba todas las decisiones. Mi hijo Nicolás, con el cual tengo una relación extraordinaria, se quedó solo, se fue su mujer: descubrió que era lesbiana, cuando tuvo la última guagua. Tuvieron tres niños en cuatro años, y con la última guagua, ella se enamoró de una mujer. Y se quedó mi hijo con tres niños en pañales. Ahí yo ví a mi hijo, con los tres niños puestos en el suelo, cambiando pañales en serie, dándoles la mamadera en serie. Y trabajaba horario completo, y corría como un desesperado entre el trabajo y lo otro, y con los niños colgados por todos lados, y qué se yo. Y yo también, escribiendo con un niño a los pies en un cojín, enchufándole la mamadera mientras escribía “Paula”. Entonces, emocionada de ver a mi hijo, le digo: “Nico, que buena madre eres tú, cómo aprendiste”. Y se me da vuelta y me dice: “mamá, yo soy buen padre”. Y para mí fue un shock, porque nunca había visto eso. No sé de donde lo aprendió, fue una cosa generacional.

Hablando de matrimonio, ¿eres partidaria del matrimonio homosexual?
Por supuesto.

¿Incluyendo la adopción de hijos?
Por supuesto, ¿por qué no? Es una cosa completamente humana que dos personas que se quieren, y que tienen un compromiso formal emocional puedan vivir juntos, y ante la ley tengan los mismos derechos que una pareja heterosexual y puedan adoptar niños.

¿Qué crees que podría pasar con esos niños al cabo de unos años? ¿no preguntarían por su madre biológica?
¿Y que importa? La buscan. Nada, no les pasa nada, y yo te voy a dar el ejemplo altiro. La hija de Willie, mi marido, era drogadicta, y se quedó esperando guagua. No se cuidó durante el embarazo, siguió usando droga, qué se yo. Dio a luz a una niña prematura con parálisis cerebral, no tenía ni siquiera desarrollado el sistema digestivo cuando nació, la pobre Sabrina. La ley se la quitó inmediatamente, la madre murió muy pronto de una sobredosis. Dos lesbianas amigas mías adoptaron a esta niñita. Esta niñita tiene hoy 17 años. No sólo le salvaron la vida, sino que la niñita anda manejando autos, le va regio en el colegio, va a entrar a la universidad.
Yo tengo tres nietos que la mamá se enamoró de otra mujer y se fue a vivir con ella, y los tres se han criado la mitad de su vida una semana donde las dos mamás, y otra semana donde el papá, que después se volvió a casar con una americana. Entonces, tienen una pareja heterosexual de padres y una pareja de lesbianas que son sus otras madres, tiene tres madres ¿y tú crees que estos niños tienen algún problema? No tienen ningún problema por eso (…)

¿Qué te parece que la directora de la Junji haya decidido instalar una estatua de la virgen María de un metro y medio a la entrada del edificio de esa institución?
¿Y no hay separación el Estado y la religión aquí? Pareciera que no, no, porque se han opuesto a la ley de divorcio, recién acaba de salir. Si tú lo piensas, Chile fue el penúltimo país del mundo en que salió una ley de divorcio. En Estados Unidos, ella no habría podido poner una estatua de la Virgen María ni de ninguna otra religión. No habría podido poner un Buda tampoco. Hubo toda una polémica a propósito de un gobernador que puso los diez mandamientos en la pared de un edificio público; no porque la gente estuviera en contra de los diez mandamientos, o porque hubiera allí alguien que se opusiera particularmente a la religión cristiana, sino porque hay separación del Estado y la iglesia, eso es una cosa que está en la constitución.

“La gente que ha triunfa en Chile se tiene que ir”
Has dicho que en este país “no se perdona el éxito” ¿Tienes alguna explicación de porqué se da este fenómeno?
-Fíjate que no tengo más teoría de que somos un país chico, entonces hay un poco la sensación de que cualquiera que triunfa le quita un poco el oxigeno a los demás. Estaba habando con un escritor de Irlanda, que me decía que lo mismo ocurre allá. No pasa en Estados Unidos y en otras partes, porque hay suficiente espacio para todo el mundo.
Fíjate que la gente que ha triunfado en Chile se ha tenido que ir, piensa en Arrau, en Matta, en Neruda, en la Mistral, en Donoso, que pasó toda su vida en España. Toda la gente se tiene que ir, porque si no, el medio te tira para abajo ¡Y te pelan! Te pelean, pero dicen horrores de uno.

-Y en tu caso, ¿a qué atribuyes esta aversión de buena parte del medio literario nacional a que te entregaran el Premio Nacional de Literatura?
-Yo creo que a la gente le da rabia que uno venda libros, en parte. En parte, también, está el ninguneo de la mujer, parten de la base de que si eres mujer estás escribiendo pa’ mujeres y eso ya disminuye la calidad.

-Pero también se propuso a otra mujer escritora, Damiela Eltit…
-Bueno, también puede merecerlo, perfectamente. Tal vez se lo den la otra vez.

-¿Qué comentario, crítica, pelambre, es el que más te ha dolido?
-Lo que más me duele… o no es que me duela, si no que me parece ridículo, es que haya gente que diga “ah no, es que no se le puede dar el premio a esa mujer. Claro, yo no la he leído, pero…”. Bueno, primero antes de opinar lea, después hablamos. Si lo has leído y no te gusta estás en todo tu derecho, la literatura es muy subjetiva. Pero si no lo has leído… por lo menos, denme mi beneficio a la duda.

El año pasado, en otra entrevista, dijiste: “no quiero ningún premio. Echa una mirada a mi página web,  y verás la lista de premios y doctorados.  ¿Crees que necesito otro más?”. ¿Qué dices ahora?
-Una vez que se obtiene es importante. Es el mejor de mi vida porque me lo da Chile y porque lo obtuvieron de-verdad-de-verdad los lectores. En el Facebook, en los blogs, en las cartas, se movilizó la gente. Porque si hubiera sido por las personas del jurado, no sé si me lo hubieran dado, tal vez no. 

José Miguel Varas, Premio Nacional de Literatura 2006, te calificó como una “narradora formidable”; sin embargo señaló que la distinción fue como la “crónica de un premio anunciado”, pues el jurado “fue sometido a una presión indebida por parte de la Cámara de Diputados" ¿qué respondes a eso?
-¿Tú crees que la gente no se habría movilizado si no me quisiera? ¿Por qué van los cuatro ex presidentes a enviar una carta personal, además del tono de esas cartas, si no me quisieran? ¿Por qué la Delia se los pidió? No creo.

-¿Cómo ves a la actual mujer chilena, a las Clara del Valle del Siglo XXI?
Fuerte como siempre, trabajadora a matar, muy madre; ellas son las promotoras del machismo, además, son las que infantilizan a sus hijos varones, las que infantilizan a los maridos, y son súper-súper mujeres, súper madres, y empujan a los hombres contra la pared. Tengan cuidado, que van a pagar el precio.

¿Volverías a vivir en Chile?
Por supuesto, tengo un pie aquí ya. Este año ya he venido cinco veces, y me quedan dos más por venir todavía. Y siempre llego a un hotel porque no quiero tener el problema de correr con una casa, pero ya cada vez vengo más, entonces va a haber un momento en que pondré un pie aquí de verdad. Ahora, de trasladarme completamente, siempre tendré un pie en California por mi hijo, mis nietos.

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