Buscar
Tercera edad Tiempo de celebración

Esta etapa puede interpretarse erróneamente como un tiempo pasivo, en declinación, inútil. Sin embargo, se trata de un tiempo que llamo “de celebración”; llegó el momento de cosechar lo sembrado, de disfrutar, de crear, de vivir de otra manera, de compartir, de enseñar lo aprendido.
Robert Browing decía: “Envejece conmigo, lo mejor está por venir, el final de la vida para lo cual el comienzo fue creado”.
Hay muchos ejemplos de personas notables cuya obra, en la tercera edad, fue especialmente destacada:
Laplace trabajó en astronomía hasta avanzada edad y murió diciendo: “lo que sabemos es nada, lo que no sabemos es inmenso”.
J. Milton, ya ciego a los 66, agregó dos volúmenes al Paraíso Perdido, Goethe escribió Fausto a los 83 y Tiziano pintó hasta su muerte a los 80. Eran tiempos donde vivir más de 60 era una hazaña. Hoy nos sentimos jóvenes hasta mucho más tarde y gozamos de mejor salud que en esos tiempos, pero la carga cultural de “ser viejos” aún aplasta a muchos.
En este tiempo de celebración se establecen nuevos vínculos, que pueden ser más abiertos, honestos y profundos. Se celebra la vida, el camino que se ha hecho al andar, las experiencias, las caídas y lo que hemos aprendido de ellas.
Es deseable vivir intensamente los momentos de soledad, transformándolos en momentos creativos, de especial sensibilidad. Pasó el tiempo de los apuros, del no tener tiempo para nada: ahora todo se puede hacer gozándolo intensamente y, además, mucho más que antes podemos elegir el “qué hacer”.
Como nuestra sociedad y nuestra cultura ven al adulto mayor como sinónimo de decaimiento, inutilidad y dependencia, comenzamos a identificarnos con ese rol.
Como dice Cowley “empezamos a hacernos viejos a los ojos de los otros, luego lentamente compartimos su juicio”. Sin embargo, el hacernos viejos es una actitud interna que va a repercutir sobre nuestra salud, al extremo de convertirnos en viejos.
Por ejemplo, socialmente se piensa que el sexo y la pasión en los viejos es de mal gusto. Sin embargo, el sexo no sólo puede sino que ojalá esté presente en las últimas décadas. No hay ninguna razón para que no sea así, y los efectos están relacionados con una especial vitalidad y placer de vivir.
Según Anne Morrow Lindberg, autora de “El don del mar”, después de la experiencia de criar a los hijos y cuando estos dejan la casa, nos enfrentamos a una época de soledad que puede acompañarse de un cierto pánico. Ella lo expresa como necesidad de una total reorientación de la vida, la búsqueda para encontrar el nuevo centro de gravedad.
Toda la autoexploración realizada en los años previos se recompensa en esta etapa; establecer nuevos roles sumado al hecho de encontrarse consigo misma/o y no tener niños ni adolescentes cerca, suele crear una situación de incertidumbre que sólo con cariño y paciencia se puede cruzar exitosamente.
Celebremos, aportemos nuestra experiencia para crear soluciones a los problemas actuales: la violencia, la necesidad de proteger nuestro ambiente, el aprender creativamente a vivir con menos, el saber reír y tener buen humor tomando la vida con sabiduría, hay muchísimo que aportar aún, con placer y disfrute.
JENNIFER MIDDLETON
Psicóloga Clínica
www.persona.cl
www.copso,cl



