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Segundo Semestre, Nuevas Oportunidades
Luego de las esperadas vacaciones de invierno, niños y jóvenes comienzan a prepararse para continuar con el segundo semestre escolar. Los especialistas aconsejan enfrentar este nuevo período con una actitud positiva, tanto para los padres, como para los niños.
Para el orientador del Instituto Nacional, Alexis Parraguez, el buen rendimiento de los estudiantes en el colegio pasa por una buena planificación escolar y una fluida comunicación, entre el colegio y la casa.

¿Cómo deberían enfrentar los padres, junto a sus hijos, el inicio del segundo semestre (les haya ido bien o mal)?
Planificando el semestre, revisando las rutinas cotidianas (horarios para ver televisión, para entretenerse con juegos de video), promover la vida saludable; planificar sus horarios laborales, llegando temprano para supervisar las tareas y acostar temprano a los chicos. Abordar y buscar soluciones a las bajas calificaciones en determinadas asignaturas, recurriendo eventualmente a reforzar aquellas asignaturas.
¿Cómo apoyar a los hijos en las deficiencias escolares?
En una mirada familiar, los padres deben conversar la situación especialmente con el profesor jefe, quien conoce mejor que nadie la situación, pues tiene un contacto permanente con el joven; el orientador, quien debe evaluar los procedimientos a seguir; y el jefe de la UTP, quien debe ofrecer alternativas metodológicas como nuevas evaluaciones y reforzamientos para cautelar por la superación eficaz de las deficiencias que exhiba el alumno.
Para Alexis Parraguez, el principal error que cometen los padres en la educación de sus hijos es creer que la educación es un proceso ajeno a su rol parental, de lo que se deriva otro error: que la escuela debe formar, corregir y educar a su hijo. Para el orientador, no hay peor frase que la siguiente: “por favor, vea que puede hacer por mi hijo, porque ya se me escapó de las manos…” Esa liviana manera de desentenderse del hijo es un error grave. El joven quiere que sus padres estén ahí, junto a él, para salir adelante, aclara.
El segundo semestre es tomado por algunos estudiantes y padres como una segunda oportunidad para repuntar cuándo no les ha ido muy bien, tú como orientador ¿percibes mucha ansiedad de parte de ellos y si es así cómo lo evitamos?
Efectivamente, en los colegios donde existen semestres, el segundo es visto muchas veces como “la” oportunidad, sea para subir los promedios, o bien, para aprobar el año escolar. Creo que más que ansiedad, se observa a un alumno que ahora sí se dispone a hacer las cosas más cerca de lo que debiera ser, incluso algunos tal vez lleguen a la frialdad de sacar cálculos muy exactos de sus necesidades calificativas para sus intereses posteriores. Creo que el medio escolar es poco lo que puede hacer para disminuir la supuesta ansiedad del estudiante, pues lo que le corresponde es exigir el logro de objetivos transversales y contenidos mínimos para todos por igual y según una planificación técnicamente elaborada. Hay que revisar la situación oportunamente, esto es, durante el primer semestre, para evitar que el segundo se transforme en el del “todo o nada”.
¿Cómo pueden lograr los padres que los hijos adquieran responsabilidades y tengan seguridad en sí mismos?
La comunicación entre padres e hijos es esencial. Se logra respeto, entendimiento, comprensión mutua y confianzas que se solidifican en el tiempo. En un núcleo familiar dialogante, la autoestima del joven es mayor. Su seguridad para desafíos presentes y futuros es superior que en casos donde las familias carecen de comunicación. En un ambiente cálido, de respeto, diálogo y comunicación, las responsabilidades son comprendidas por todos los integrantes y ofrecen menos resistencia que en ambientes familiares hostiles donde se impone verticalmente la autoridad, bajo la aplicación de sanciones.

Si se comprende el origen, motivos y consecuencias de las responsabilidades, si se hace ver que al joven no se le exige algo de lo que están exentos los padres, entonces, lo más probable es que la relación sea bastante agradable y los resultados muy apropiados para lograr en el joven herramientas importantes para su vida posterior, donde –por cierto- la seguridad y autoestima son fundamentales en la construcción de modelos de vida futuros.


