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ESTUDIO CONFIRMA RELACION DE AMBIENTE INTRAUTERINO Y DESARROLLO DE HIPERTENSION Y DIABETES EN LA ADULTEZ

(Presentado por la Universidad Católica, en el II Encuentro Internacional de Autocuidado)




Hambrunas prolongadas y/o condiciones adversas en las primeras etapas del desarrollo pre y postnatal, como las observadas en Noruega, Holanda, San Petersburgo e Inglaterra permitieron el desarrollo de estudios epidemiológicos que vincularon la incidencia de ciertos factores de estrés intrauterino con el desarrollo de enfermedades de riesgo cardiovascular como hipertensión, diabetes tipo 2, dislipidemias, resistencia insulínica y alteraciones renales, en la adultez. Hoy, la Universidad Católica anunció resultados de una investigación experimental que confirman esta hipótesis.

Según la Dra. Sofía Salas, de la Escuela  de Medicina de la Pontificia Universidad Católica, autora del estudio “Importancia del ambiente intrauterino en el desarrollo de hipertensión arterial en la vida adulta”, desarrollado en ratas, la investigación ha permitido confirmar las conclusiones de dichos estudios epidemiológicos.

Usualmente, se piensa que las enfermedades crónicas se originan en un ambiente extrauterino, vinculado a factores como obesidad, sedentarismo, influencia genética y tabaquismo, entre otros. Sin embargo, evidencias hoy sugieren que también el ambiente intrauterino determina el desarrollo de enfermedades crónicas en la vida adulta.

El estudio desarrollado por la Universidad Católica consistió en la aplicación de estímulos o niveles de estrés críticos durante el desarrollo gestacional en modelos en ratas y midió las repercusiones permanentes manifestadas en el tiempo.

Antecedentes epidemiológicos establecen relación entre bajo peso/nacimiento y mayores índices de hipertensión arterial y de mortalidad por enfermedad coronaria en la adultez. Asimismo, investigaciones afines relacionan la clase social de origen con la vulnerabilidad ante la hipertensión en la vida adulta, relacionando las carencias nutricionales con el riesgo de enfermedades coronarias.

Estudios retrospectivos analizaron el caso de Leningrado y la hambruna que sufrió su población durante 900 días a partir del año 1941, al igual que holandeses en el invierno del año 1944, situaciones que dejaron secuelas posteriores en adultos gestados durante esos períodos, puesto que las embarazadas estuvieron sometidas a dietas con baja ingesta de proteínas y disminución del aporte de calorías a 400 y 800 calorías diarias.

Aunque se desconoce la ventana de mayor vulnerabilidad durante un embarazo, el estudio impone un importante desafío para la atención primaria en salud, de manera de pesquisar de manera oportuna aquellos casos de bajo peso intrauterino o bajo peso inicial de la madre. Asimismo, el seguimiento del embarazo y el control de glicemias y de presión arterial, el tratamiento de enfermedades desencadenantes, además de la identificación de factores de riesgo heredables, pueden ser aspectos importantes tendientes a prevenir el bajo peso de nacimiento. Deficientes condiciones de nutrición y un alto nivel de estrés durante el embarazo efectivamente producen adaptaciones en el desarrollo celular, en la estructura de órganos y generan cambios en la actividad metabólica del embrión, cuyas consecuencias se expresarán en la vida adulta.

Es importante destacar que aquellos niños con bajo peso de nacimiento, aumentan aun más su riesgo de desarrollar hipertensión y otras enfermedades crónicas, cuando exhiben un aumento excesivo de peso en la infancia y adolescencia y si en la vida adulta presentan tabaquismo, sedentarismo y dieta desequilibrada.






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