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Alimentación sana desde que nacemos

Cuando en Chile y a nivel mundial se libran una serie de batallas contra la obesidad, resulta fundamental entender que una sana conducta alimentaria se genera desde que nacemos. Todos los niños, a partir de los seis meses, deben consumir diariamente frutas y verduras, ya que éste es el período de aprendizaje de hábitos alimentarios. “Las verduras y frutas son fuente primordial de vitaminas variadas, junto con aportar minerales, fibra y elementos antioxidantes”, explica Marcela Giacometto, docente de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello.
Además, poseen un elevado contenido de agua, facilitando la eliminación de toxinas de nuestro organismo y ayudando a la hidratación. También, distintas investigaciones avalan el efecto anticancerígeno de un adecuado consumo de verduras y frutas, junto con la prevención de enfermedades crónicas como diabetes y colesterol elevado y de estreñimiento en la vida adulta.
Dieta ideal
La especialista detalla que, “los bebés desde los seis a ocho meses, tienen que comer una dieta compuesta por 3/4 taza de papilla de verduras y 1/2 taza de papilla de frutas. Y luego ir aumentando estos volúmenes, hasta alcanzar al año de edad, un aporte de 1 taza de puré de verduras y 1 taza de puré de frutas”. Por ejemplo, una comida debe contener 1 cucharada de carne (posta, pavo o pollo sin grasa visible), verduras como la papa (1 unidad regular), zanahoria (1/2 unidad chica), acelga o espinaca (1 hoja regular), zapallo (1 trozo pequeño), arroz, sémola o fideos (1 cucharada sopera), y agregar al momento de servir, aceite crudo (11/2 cucharadita).
“Una vez que el niño acepte por lo menos 1/2 taza de esta papilla se deben ir incorporando otras verduras como la betarraga, zapallo italiano, porotos verdes, repollo, berenjena, brócoli y apio, evitando dar choclo hasta después del año”, dice Giacometto.
También, desde los ocho meses, a la dieta del bebé debes incorporar legumbres, entregándolas en un comienzo pasadas por cedazo. Además de usar algunas verduras y hierbas naturales como cebolla, ajo, orégano y romero entre otras. Esto, con el objetivo de que el niño conozca variedad de texturas, sabores y colores, que le permitirá aceptar una mayor variedad de alimentos. “Eso sí, es importante recordar que el uso de sal en las comidas de los menores de 1 año, no es recomendable”, aclara la nutricionista.
Postres
El postre -raspado o rallado- puede ser manzana, pera, durazno, damasco, plátano (sin semillas en un comienzo), pepino dulce o naranja e ir incorporando de a poco el resto. “No es recomendable mezclar el postre con la comida para estimular la ingesta, ni reemplazar la fruta por yogurt u otro postre lácteo, porque con eso, lo único que se consigue, es que el niño adquiera un mayor gusto por los sabores dulces y rechazar las frutas”, comenta Marcela Giacometto.
“También, hay que tener cuidado de no sustituir un alimento que el niño rechace, por otro de mayor agrado y volver a incorporarlo más adelante. Es importante no imponer, ni obligarlo a comer con gritos o amenazas, porque dificulta el proceso de aprendizaje de nuevas preparaciones y sabores”, concluye la especialista.



