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Posibilidad de un apoyo efectivo

En nuestro medio, estamos acostumbrados a enfrentar las enfermedades como un problema del cuerpo, donde la mejoría proviene del medio externo, es decir, de la medicina y, frente a la cual, somos personas pasivas que en poco o nada podemos contribuir para que el tratamiento sea efectivo.
La medicina moderna, de avanzada, considera las enfermedades como un problema de la persona total, donde están involucrados factores físicos, psicológicos, espirituales y ambientales.
Así en el tratamiento y la recuperación deberán considerarse todos estos factores y la persona enferma deberá participar activamente en estos procesos, con una autorresponsabilidad frente a la presentación y evolución de la enfermedad.
De esta forma, tanto el paciente como la familia, sus amigos y su núcleo laboral, son partes activas que pueden colaborar en la mejoría.
La persona que recibe un diagnóstico de cáncer podría definirse como alguien a quien se le ha interrumpido la vida violentamente, que se encuentra perplejo, desconcertado, con pánico y, sobre todo, perdido en un mar de opiniones y consejos que contribuyen a acelerar más su proceso de desesperación.
Desde el punto de vista particular de la persona, hay mucho que ella puede hacer para participar en su recuperación y no ser un ente pasivo. Lo primero será descubrir en qué forma su estilo de vida puede haber influido en la presentación de la enfermedad: exceso de tensiones, falta de entusiasmo vital, mal manejo emotivo, duelos no elaborados, poco respeto por su intimidad, etc.
Conocidos estos procesos, podrá reestructurar sus escalas valóricas y crear un ámbito vital que le permita sentir que la vida es su primera opción, aunque ello signifique perder otras, ya sea porque éstas están enfermas o porque no corresponden a su íntimo modo de ser.
Por parte de la familia, amigos y núcleo laboral, cada uno en su estilo propio, también pueden hacer un importante aporte a los procesos de recuperación.
Cuando alguien se enferma, no es sólo la persona la que está en crisis, sino también su familia. El estar cerca del sufrimiento de alguien a quien amamos, es muy perturbador y puede hacernos sentir inseguros respecto a nuestras reacciones, inadecuados, rabiosos y muchas veces, confundidos. Lo valioso es que, no importa cuán difícil sea la experiencia, logremos salir de ella enriquecidos y en paz.
Un enfermo de cáncer está, por lo general, asustado frente al futuro, cansado frente a los tratamientos y enrabiado o triste frente a lo que ocurre. Lo importante es que se le permita expresar lo que siente con libertad, sin juicio crítico, ya se trate de miedos, rabias, penas, frustraciones o desesperanzas.
Los niños son muy perceptivos y es recomendable que se les permita participar de lo que está ocurriendo y no aislarlos con el pretexto de protegerlos.

También es importante tomar la sustitución de roles en su verdadera dimensión, no tratar de hacer todo por el enfermo, etiquetándolo existencialmente de “incapaz” o “inútil”.

Las visitas deberán ser atinadas, cortas y positivas. Los compañeros de trabajo a veces sienten que no saben abordar temas como el sufrimiento y la muerte y prefieren evitar compartir con el enfermo. Lo mejor es preguntarse ¿cómo me gustaría a mí que me trataran si estuviera en su lugar? o, ante la duda, simplemente preguntar.

No olvidemos que la desesperanza mata mucho más que el cáncer.

Jennifer Middleton
Psicooncóloga
www.copso.cl
Tel: 208 5037

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