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Cuando La Muerte Toca a Nuestra Puerta
“Cuando me enteré de la muerte de mi padre no imaginé cómo cambiaría mi vida. Fue una mañana de miércoles en pleno invierno cuando sonó el teléfono y la voz de uno de mis hermanos me dijo sin rodeos que papá había muerto en su auto. Mi primera reacción fue congelarme y mientras me vestía tuve una tremenda sensación de irrealidad, de que lo de mi padre no era verdad. Por un momento pensé que era una broma, un error o un sueño.
Tan sólo ayer habíamos hablado sobre nuestros planes para hacer un negocio que nos daría dinero y satisfacciones. Hoy, cuando ha pasado más de un año desde ese fatídico miércoles me siento aun tan desolado que no he sido capaz de hacer nada de lo que alguna vez me propuse”.
Este tipo de relato es mucho más frecuente de lo que creemos. Cuando la muerte toca a nuestra puerta para llevarse a alguien a quien amamos el dolor y la desolación que sentimos puede prolongarse por meses e incluso años.
Hace sólo unas semanas se supo del suicidio de un padre quien previamente baleó a su hija producto del estado emocional producido por la reciente muerte de su joven esposa. Esto pudo evitarse. Los estudios muestran que el riesgo de suicidio en las mujeres durante la primera semana de duelo es 10 veces más que la población general. En el caso de los hombres este riesgo llega a ser 60 veces mayor. Esto demuestra el estado de vulnerabilidad de los dolientes y la necesidad de que reciban ayuda profesional.
Es importante acompañar a las personas en duelo y, sobre todo, aquellas que han perdido a alguien violentamente. Ellos necesitan de sus amigos y familiares, aunque muchas veces el dolor emocional hace que se encierren en sí mismos, se aíslen con sus penas y eviten el contacto con otras personas. Este es uno de los peligros. Si conoce a alguien que después de la muerte de un ser querido se aísle, se vea triste por más de dos meses, descuide de su apariencia y su trabajo, trabaje en exceso, exprese ideas como de querer partir con el difunto, cambie sus hábitos de alimentación, comience a beber alcohol o a consumir drogas ilegales o ansiolíticos, hipnóticos, antidepresivos, etc. probablemente, está ante alguien que tiene dificultades para superar la pérdida y, en ese caso, lo mejor y más urgente, es alentarlo a pedir ayuda especializada.
Marco Antonio Campos Psicólogo – psicoterapeuta Universidad Central Director Sociedad de Psicoterapia Constructivista psicologia.constructivista@gmail.com



